Keiji Inafune, Kickstarter y el valor de la fe

Quemando la confianza y recogiendo las cenizas

Por HEYT el

Nunca he sido fan de Megaman. Nunca he jugado un Megaman Legends, ni Zero, ni Battle Network. Pero el 31 de agosto de 2013 me uní junto a otras 67.225 personas para dar vida a Mighty No.9, convirtiéndome en el Mighty no. 6.985 que aportó 20 dólares a una cifra que terminaría siendo de 3.845.170.

No lo hice porque estuviera especialmente interesado en el juego —en ese juego, al menos. Lo hice porque me pareció lo correcto. Podría decir que había cierto sentimiento de justicia en todo el asunto, pero creo que había más revancha que justicia. Una revancha contra Capcom, que decía que Megaman ya no importaba, que ya no había suficiente interés. Una Capcom a la que por 20 dólares le podía decir “¡No!¡Te equivocas!” y llevarme un juego de regalo.

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Pero no soy un tío idealista. No voy a mentir diciendo que me motivaba la justicia o mandar un mensaje. El motivo práctico era que si esto salía bien el siguiente paso de Inafune y Comcept era retomar lo que habían dejado a medias en Capcom: Megaman Legends 3.

Nunca he jugado un Megaman Legends y nunca lo voy a jugar por la sencilla razón de que seguramente Legend 3 no vaya a existir nunca. Pero entonces ¿Por qué querría que Inafune retomara un juego que no voy a jugar? Sencillo: porque no pueden hacer ese juego.

Megaman Legends 3 comenzó a interesarme cuando se anunció para 3DS. Nunca había oído hablar de la saga y era un proyecto extraño en el que los fans podían diseñar elementos del juego y votar los que más le gustaran. Excentricidades a parte, lo que mostraban del juego me gustó. Llegué a plantearme jugar los dos primeros para ver cómo era el asunto realmente. Y justo entonces Capcom lo canceló.

Fue entonces cuando decidí no jugar nunca a Legends. Era un caso Shenmue, en el que la segunda parte giraba al final para quedarse abierta para siempre. No me compensaba invertir horas y horas en dos RPG para quedarme a medias al final. Lo que sí lo hacía era que Inafune cogiera la jugabilidad, las estética y el resto de la esencia de esa saga e hicieran una nueva historia con ella.

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Tan tonto y retorcido como eso: apoyé Mighty no.9 esperando que de alguna forma se materializara en el camino para un sucesor de una saga que no he jugado nunca. Ah… ¡Y me daban un juego!

La apuesta al final me salió bien y el 4 de julio de este año Red Ash: The Incredible Legend que era nada más y nada menos lo que yo quería. Un “No soy Megaman Legends, guiño, guiño, sonrisa”. Y ahí estaba yo. Con mi cartera en el bosillo, más cerrada que las curvas de Mute City y el ceño fruncido. ¿Qué había salido mal? Nada había salido bien. Es más, nada había salido.

Mighty no.9 estaba a punto de salir cuando Red Ash hacía acto de presencia. Pero no había sido un viaje tranquilo. El juego no tenía pinta de ser el producto resultante de una campaña de financiación que, en su día, rompió récords.

Dos años son bastante tiempo y aunque, en primera instancia los había arrojado como quien los arroja a la ruleta del casino, al final terminé adquiriendo interés en lo que se materializarían los famosos 20 dólares. No pintaba muy bien, pero uno siempre intenta buscar excusas en primer lugar. “Todavía está en desarrollo” era la que más fácil era de digerir. Pero el juego volvía a aparecer y el desarrollo estaba avanzando mucho más rápido de lo que parecía el progreso del juego. “Sale para muchas plataformas con características muy distintas” fue la mentira que elegí decirme cuando el juego ya tenía su tiempo en el horno (generalmente acompañada de “además se ve divertido”, que, además, solo es una mentira a medias).

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Pero hoy, tres retrasos y tres o cuatro Kickstarters de Inafune después mentirse a sí mismo es un esfuerzo que no merece la pena por 17 euros.

Se ha hablado mucho sobre Mighty No.9, Red Ash e Inafune. Es fácil hablar de ello porque es fácil ver los errores y muy fácil proponer alternativas. Muy fácil de criticar y muy fácil decir “yo, como Backer me siento traicionado”. Es por eso que he querido empezar quitándome eso del medio. Ahora viene la parte interesante, la parte que viene detrás. La que empieza con un “pero”… pero no es uno, son dos.

El pimer pero: yo, como Backer me siento traicionado pero una donación a Kickstarter no es una reserva ni una compra: te convierte en uno de los responsables de lo que se está gestando. Eso tiene una parte buena porque contribuir a la creación de algo es maravilloso y todos nos congratulamos y nos damos palmaditas en la espalda cuando sale bien. ¡Oh, que bueno es Pillars of Eternity! ¡Yo contribuí a FTL, es genial! Pero si hacemos rendir cuentas a los productores ejecutivos de los juegos cuando estos no nos complacen —como se hacía con Iwata, Kotick, Peter Moore, etc— por poner el capital en los proyectos y en el talento equivocado ¿no deberíamos nosotros, los patrocinadores, hacer lo mismo en cierta medida?

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Si Mighty No.9 no fuese un buen juego la historia no acaba con un “emplease mal tu dinero, mala suerte”. Mighty va a ser distribuído por Deep Silver y va a estar en las estanterías de las tiendas donde gente que desconoce la historia tras el juego y su calidad podría llevarselo a casa. Su posible insatisfacción habría sido posible en cierta medida gracias a mi contribución, en la parte correspondiente, de la misma forma que ocurre con las figuras anteriormente citadas.

Yendo más allá ¿En qué sitio nos dejaría a los jugadores como consumidores?¿Es lo que queremos como sucesor espiritual de Megaman?¿Un mal juego? Si Capcom toma el éxito de Mighty como base para continuar con la franquicia no sería ilegítimo que desarrollaran un juego de una calidad parecida porque “es lo que los jugadores decidieron con sus carteras”. Es un problema.

Y lo peor de todo es que no hay ningún tipo de solución para esto. Los donantes tenemos la responsabilidad de donar a los buenos proyectos porque si se crea un mal producto con nuestro apoyo uno no puede simplemente mirar hacia otro lado, pero tampoco se disponemos de la agencia que tiene un productor ejecutivo de verdad para poner orden. Tampoco es siquiera posible que tengamos la capacidad de ponernos de acuerdo en sobre que constituiría “poner orden” en un proyecto dado.

Lo único que podemos hacer es usar nuestro dinero con responsabilidad y apostar por proyectos que sean capaces de mostrar garantías. ¿Pero no es muy exigente esperar garantías de proyectos que carecen de recursos como para generar contenido significativo antes de la campaña?¿Cómo de fiables son las garantías? Al fin y al cabo Inafune era una gran garantía cuando se presentó con su idea de replicar Megaman y ahora parece ser justo lo contrario.

La única forma de lograr mayores garantías es que los creadores propongan mejores proyectos pero ¿cómo se hace eso? Subiendo el nivel de exigencia para el éxito de los proyectos presentados. Pero la cuestión sigue siendo la misma ¿cómo? La respuesta es un poco dura, injusta y muy arriesgada: dejando proyectos con buena pinta morir en el intento.

Ha habido fracasos sonados ya; el primero que viene a la mente es el Shadow of the Eternals, sucesor espiritual de Eternal Darkness que fracasó por su alta cifra solicitada y la desconfianza que algunas publicaciones habían creado en torno al director del proyecto, Denis Dyak, gracias a una alineación muy buena de fuentes anónimas sin contrastar y una sed muy jugosa de clicks. Dyak había tenido sus grandes tropiezos en el pasado pero visto en perspectiva y comparado con otros Kickstarter existosos como el mismo Mighty o Red Ash, Shadow of the Eternals tenía una presencia más sólida y una propuesta infinitamente más definida y merecedora de confianza, al mando de alguien que parece haber aprendido de sus errores —mucho más de lo que se puede decir de Inafune.

Mirando atrás creo que fue un error dejar caer Shadow of the Eternals, porque hasta Yooka-Laylee no nos encontramos un equipo veterano que ya tenía una demo jugable de su proyecto antes de iniciar la campaña. Temo que si se diera el caso de dejáramos caer un par de buenos proyectos para presionar a los creadores muchos terminaríamos arrepentidos.

Por otro lado la posibilidad de que la gente interesada en financiar juegos a través de crowdfunding llegue a mi misma conclusión en un número significativo es altamente improbable. Pero aún dándose el caso, no garantiza que esos proyectos no terminen fundándose, al fin y al cabo son propuestas con buena pinta. Hay quien ha donado dinero a Red Ash y ni siquiera se daba el caso con ese juego.

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Por otro lado, suponiendo que esta mentalidad de exigir más de las propuestas para Kickstarter es despreciar el potencial de un proyecto por no llegar a un nivel arbitrario de lo considerado “fiable” puede ser muy contraproducente; al fin y al cabo uno de los puntos fuertes del sistema es arriesgar y apostar por meras ideas que no se materializarían de otra forma. El dejar de financiar buenos proyectos podría ser percibido como el profetizado “reventón de la burbuja” y eso nos haría daño a todos, porque no sería verdad, pero la confianza de los creadores en la plataforma ya estaría sangrando. Quizás subir el nivel de exigencia no sea realmente la respuesta. Quizás ni siquiera haya una respuesta a todo esto.

Lo que sí que hay es el otro pero: yo, como Backer me siento traicionado pero no es excusa para traicionar otros proyectos que sí podrían merecer mi dinero o no aprovechar las oportunidades que presentan.

Mientras Mighty No.9 descendía a los infiernos y se llevaba mi confianza con él otros proyectos aparecían. Yooka-Laylee. BoodStained. Cualquiera de los dos me tenía más motivado para apoyarlo que Mighty No.9, pero precisamente por haber aproyado el proyecto de Inafune no me veía capaz de apostar por el crowdfunding de nuevo. No quería que me pasara otra vez. Pero en vez de racionalizar siempre es más fácil volver a lo conocido, volver a mentirse a uno mismo.

“Realmente no necesitan mi apoyo.” me decía “Conseguirán financiarse sin problema así que los compraré cuando estén terminados. Así me ahorro disgustos y me aseguro de que la cosa salga bien. Y si no sale, me ahorro dinero”. En teoría es un razonamiento valido y normal y en caso de BloodStained es completamente cierto: ha arrasado con todos los strech goals sin mi ayuda. No hay nada que yo pudiese hacer por ese juego. Tampoco es mentira que Yooka-Laylee necesitase mi dinero para financiarse, su propuesta marchó muy bien. Pero la gran mentira es creer que me ahorro dinero. La gran metira es creer que pueden salir mal. Esos proyectos tenían mi confianza, pero era Inafune el que me daba miedo, miedo de que se fuera a repetir. Comprar los juegos una vez lanzados es más caro que antes de que se financien, mediante una donación. La desconfianza que me producía todo el tema de Mighty No.9 me estaba costando dinero a pesar de que yo creía (y creo) que ambos juegos saldrán adelante sin ninguno de los problemas que el juego de Comcept tiene y sigue teniendo. Pero el perro ya estaba apaleado.

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Lo que quiero decir es que proyectos sospechosos, que cojean o que se van al garete afectan a todo el panorama del crowdfunding no solo al que mete la pata pensando los strech goals de Red Ash o Shenmue III porque pierden unos cuantos miles de dólares hasta que se den cuenta y corrijan. Afectan al sistema de crowdfunding entero porque cada campaña sonada no es solo una prueba por y para si misma. Lo es para el sistema entero y hay que librarse de eso porque nos quita oportunidades que podrían ser buenas para todos.

El crowdfunding es una de mis plataformas favoritas, al menos sobre papel. Da el poder total al público que decide qué y como quiere tener en el mercado. El gran fallo es la falta de transparencia y la carencia de un referente en el que se pueda confiar para tener una idea sobre cuanta confianza (o dinero) se puede poner en un proyecto dado. Nada puede predecir el futuro, las cosas se pueden torcer y todos caemos siempre en los mismos errores, pero es hora de que los que proponen se empiecen a poner las pilas para ganarse al público en todas las etapas del proyecto, más allá de la recaudación. Los donantes tenemos que empezar a asumir que poner un producto en el mercado es también cosa nuestra y si ese producto no es como tiene que ser quizás tengamos que replantearnos nuestra forma de tomar elecciones. Sea como fuere, cada proyecto es un mundo y merece la pena ser estudiado por sus propios méritos y faltas. No todos son Red Ash, pero tampoco son Pillars of Eternity. Las dudas siempre van a estar ahí pero podemos combatirlas si todos los participantes nos hacemos mejor en esto de hacer crowdfunding. Y creo que ya es hora de que empecemos a pensar en ello.

3 Comentarios en "Quemando la confianza y recogiendo las cenizas"

  1. Ah! el crowdfunding, la plataforma más explotable que existe. Me ha gustado mucho el artículo, y deja caer algunos puntos que ya tenía en mente.

    Lo de Inafune con Red Ash ha sido un “Vamos a aprovechar mi fama” en toda regla ofreciéndose a vender atunes en el desierto cuando todavía no ha pescado los salmones (que veremos a ver si no son simples sardinillas) realmente escogiste un mal proyecto para backear xd

    Justo eso fue lo que hizo que me echara para atrás a la hora de apoyar Bloodstained, entre que confío poco en Iga per se y que el KS se abrió de forma idéntica al de MN9 lo único que me da esperanzas es la alianza con Inti Creates, y eso no basta para convencerme.

    KS es la herramienta idea para traer de vuelta a viejos clásicos como ha demostrado Playtonic, pero también lo es para espectáculos como el que ha montado Inafune. Prefiero poner mi dinero en absolutos desconocidos que en aquellos que venden más su nombre que su producto.

    • HEYT

      Queda por ver como es el producto (en este caso productos) finales de Comcept para que se abra la veda al veredicto final, pero desde luego fue un mal proyecto para respaldar, desde luego. Al menos me hizo pensar un poco sobre todo este tema

      Personalmente creo que la cosa no es apoyar solo a absolutos desconocidos o solo a megafamosos o lo que sea. Creo que hay que empezar a apoyar proyectos y no personas o simples ideas. Pero como digo es difícil que esta escena de repente se aclimate a empezar a valorar cada cosa por cada propuesta individual que es donde tendría que estar toda la carne puesta por parte de los emprendedores: un buen prototipo, unas ideas claras y conceptos realizables y concretos. Quizás tras las campañas turbias de Shenmue y Red Ash y cómo contrastan con Yooka-Laylee empiecen a cambiar la perspectiva de la gente a esto.

      Respecto al caso concreto de Iga a mi me parecio una buena campaña razonablemente clara y transparente. He hechado en falta algo tangible pero cuando se tiene a un distribuidor detrás desde el principio la cosa puede ser un poco distinta.

      • No, si las cosas por delante, la campaña de Bloodstained fue la rehostia, empezando por la misma página de swordorwhip, admito sin la más mínima vergüenza que me puso la expectación por las nubes aún incluso antes saber lo que es.

        Me encanta tu visión de KS y realmente me gustaría poder compartirla, pero en lo que a los casos que estamos tratando se refiere desgraciadamente lo que se ha apoyado ha sido en el mejor de los casos la idea, y en el peor el nombre, y duele. Tengo la certeza de que lo que ha sido financiado en Bloodstained no ha sido el proyecto si no un Igavania (no sé si me explico con esto, si no luego entro en detalle) con Shenmue 3 no se ha financiado el proyecto si no Shenmue, e Inafune ha pretendido financiar un Megaman 2 veces.

        Luego si, verdaderos proyectos, verdaderas grandes ideas y juegos están siendo financiados vía KS, pero todos estos grandes nombres obteniendo financiaciones récord en KS me dan escalofríos, Yooka-Laylee parece una excepción entre ellos y aunque esto suene raro espero que Kojima tome esta ruta y en lugar de salirnos con un “Totally not Metal Gear” se desmelene y nos venga con la mayor locura parida por una mente japo, porque si te soy sincero Shenmue (No un Totally not Shenmue, no. La original) pasando por KS me hizo ver el futuro muy negro, tiemblo por el día en que las grandes editoras decidan usar el crowdfunding como estándard.

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