¿Twilight Princess es el Zelda más oscuro? Piénsalo otra vez

La máscara de Majora oculta el lado oscuro de Nintendo

Por Osakasan el

Para abrir esta columna, me gustaría retroceder a noviembre del año 2.000, la vida comercial de Nintendo 64 se acercaba a su fin y yo había pasado el año babeando reportajes en la Magazine 64 y ahorrando para comprar un juego en concreto. Majora’s Mask, conocido en sus inicios como Zelda Gaiden, salía a la venta, y no podía esperar a tenerlo en mis manos.

Majora’s es un juego al que tengo mucho cariño por ciertas razones que no vienen al caso, pero como jugador siempre me ha producido cierta animadversión, desde la primera vez que inserté el cartucho en el slot de la N64 he sido incapaz de saber cómo afrontar el juego exactamente, una sensación curiosa sin duda, ya que a excepción de títulos excepcionalmente malos nunca me ha ocurrido algo así. Ojo, Majora’s Mask no es malo, me encuentro entre aquellos que lo consideran una obra maestra, especialmente teniendo en cuenta que sólo tuvo un año de desarrollo.

Majora’s Mask salió en un momento extraño ¿Habéis oído alguna vez que la Nintendo de N64, la de Hiroshi Yamauchi, era una desarrolladora hardcore? Bueno… según los estándares de hoy quizá lo sea, pero por entonces no, no lo era, Nintendo era la compañía de cuyos estudios salían mayormente juegos coloridos y de jugabilidad sencilla y directa ¿Mario 64? ¿Banjo-Kazooie? ¿Kirby and the Crystal Shards? ¿Pokémon Stadium? Para niños ¿Wave Race? ¿F-Zero X? ¿Jet Force Gemini? ¿Ridge Racer 64? (fue desarrollado por Nintendo Software Technology) Demasiado coloridos ¿1080º Snowboarding? ¿NBA Courtside? ¿Excitebike 64? Las excepciones que confirman la regla. Así se pensaba, y no iba a cambiar.

GAH!

GAH!

Graciosamente, Nintendo no se cortaba a la hora de meter puntos de oscuridad en sus juegos, los Tribals de Jet Force Gemini posiblemente sean las bajas colaterales más divertidas de la historia, Goldeneye y Perfect Dark te permitían recrearte disparando a tus enemigos en cualquier parte de su cuerpo, Super Mario 64 tenía una terrorífica anguila gigante en uno de los niveles más pacíficos y atmosféricos del juego, algunas entradas de la Pokédex son verdadero material de pesadilla y juro que algún día encontraré y obligaré a hacer una maratón de cine de terror asiático al simpático japo que pensó en la mazmorra del fondo del pozo y su boss, Dead Hand.

Pero todo esto eran eso, puntitos, por contra la primera vez que jugué a Majora’s Mask el juego me dio una bofetada en la cara. No lo estrené hasta el día siguiente y pasé toda una tarde jugando, hasta que ya estuvo toda la familia en casa y tocó cenar y encamarse. Comparado con el inicio sencillo y directo de Ocarina of Time, que te permitía guardar cuando quisieras, aquello fue DURO. Empezabas transformado en un Deku, el más inútil de todos los enemigos de Ocarina of Time, con un hada compañera que estaba contigo por obligación, en una ciudad extraña cuyos habitantes estaban demasiado ocupados como para hacerte caso, es un golpe bajo porque Majora’s Mask te trata mal desde el principio, te deja sólo, desamparado y sin poder guardar la partida.

Indefenso, inofensivo y subestimado.

Indefenso, inofensivo y subestimado.

Lo que es más: tienes 3 días para resolver el problema, lo que en parte es bueno porque tienes tiempo, pero también malo porque hay un límite, y a la desesperada empiezas a hablar con la gente, encuentras pistas de lo que hacer, pero también encuentras la alegría y optimismo de un festival mezclados con cierto temor y desesperanza nacientes, y en el cielo hay una luna con jeto agresivo y mucho más grande de lo normal, lo que te pasa por la cabeza es algo así como “mierdamierdamierdanoséqueestápasandosoyunputodekuynopuedoguardar”. Encima, si has explorado hasta el último rincón de Ocarina of Time, reconoces a quién te ha robado el caballo, convertido en un deku y dejado en una tierra extraña.

La verdad, siento ganas de cortar el artículo aquí, no quiero joder la experiencia a quien lo vaya a jugar, pero demonios, ES la experiencia lo que hace a Majora’s Mask.

No es que sea la primera vez que Nintendo te da un bofetón en la cara con un Zelda, lo primero que ves cuando sales del templo del tiempo en Ocarina of Time es la ciudad devastada y plagada de Re-Dead, pasarte Link’s Awakening y despertar al pez del viento implica borrar de la faz de la tierra la isla Koholint y sus habitantes, el Crepúsculo en Twilight Princess es un lugar al que se manda a los criminales a modo de ejecución, eso entre otros ejemplos, pero Majora’s Mask lo enfoca de otra forma, cada NPC es un personaje individual dentro de un mundo que va a ser destruido por la luna en tres días, son importantes al punto en que las mazmorras, aunque intrincadas y bien hechas, son secundarias, y sólo tienen el rol de impedirte llegar a los bosses que son los realmente influyentes en la historia.

Lo peor, es que esto es algo que descubres en esos tres primeros días en los que no puedes guardar, explorando la ciudad y hablando desesperadamente con la gente en busca de pistas te encuentras a los carpinteros gradualmente más temerosos de la luna mientras el maestro carpintero y su aprendiz más aventajado se burlan de ellos y se preguntan si terminarán la labor a tiempo, en la posada una chica triste y apática realiza su labor de forma casi automática, diciéndote con desgana que vayas a decirle a tu mamá que no hay plazas libres, el cartero pasa del tema haciendo su trabajo con diligencia… y si entras a tiempo en la oficina del alcalde lo encontrarás en medio de una discusión con los guardias puesto que se niega a cancelar el festival que tendrá lugar exactamente cuando la luna aplaste Términa. Todo esto, sólo sin salir de Ciudad Reloj, y en el primer día.

El ambiente acompaña, la música de fondo es alegre, dicharachera y acogedora, los colores son brillantes y optimistas. Dejamos que pase la noche del primer día y algo ha cambiado, la banda sonora se ha distorsionado, los colores han enrojecido ligeramente, y ciertos personajes han cambiado sus actitudes… a peor, los guardias ya no te dicen a ti, el desvalido niño deku, que no puedes salir, ahora te dicen que busques a tus padres, algunas personas son más pesimistas, otras pasan a hablarte con condescendencia.

Mirar arriba, ver que se acerca inexorablemente y saber que no puedes hacer nada

Mirar arriba, ver que se acerca inexorablemente y saber que no puedes hacer nada

El tercer día es donde todo se va al carajo: miras al cielo y casi puedes tocar la punta de la nariz de la luna, la banda sonora es una cruel deformación de la original, los colores han adoptado un sanguinolento tono rojizo, y… no hay nadie, debes ir entrando una a una por todas las puertas para descubrir negocios cerrados, gente que ha huido de Ciudad Reloj, gente que ha decidido quedarse, gente que te aconseja que te refugies y gente que está demasiado acobardada para moverse. Eres un niño, un niño deku, así que todos te tratan con amabilidad y condescendencia, y nadie te va a decir qué les ocurre, si has sido listo y has hecho todo lo necesario para encontrar a Skull Kid y asegurarte el medio de subir a la cima de la torre del reloj, sólo te queda esperar, y observar una cinemática increíblemente irónica en la que, sin nadie en la ciudad, los mecanismos se mueven, liberan los fuegos artificiales y te abren el camino para encontrarte con Skull Kid, tú, en un cuerpo que no es el tuyo, con un hada que no simpatiza contigo en nada, y con un poder que no va más allá de lanzar burbujas por la nariz.

En un adolescente que había pasado toda su vida con Nintendo, estas casi dos horas de juego ininterrumpido (apagar la consola significaba volver a empezar) me sacudieron más que ningún otro juego que hubiera tocado hasta la fecha; tampoco es que me hubiera cerrado en banda a Nintendo, ya había hecho sesiones maratonianas en las Saturn y Playstation de compañeros de instituto a otros juegos supuestamente adultos de estas consolas, pero sin ánimo de desmerecer a las grandes joyas de estas máquinas, ninguna me hizo sentir el desazón de el comienzo de Majora’s Mask.

Y esta columna viene porque, 7 años después de habérmelo pasado por última vez y con el hype del anuncio de la versión 3DS metido en el cuerpo, he vuelto al juego, empezando desde cero y pasando una vez más por ese comienzo infernal. Tras tres partidas, dos de ellas habiendo conseguido todas las máscaras, y curtido como persona y jugador, esperaba pasar el rato sin problemas e incluso hacer una pequeña maratón, pero una vez he conseguido la ocarina y he vuelto atrás en el tiempo no he podido seguir. Una vez lo has conseguido y te han enseñado la Canción de la Curación puedes salir a los campos de Términa, y también puedes involucrarte en la vida de los personajes llegando a historias todavía más desosegantes ¿Ese gran clásico que son Anju y Kafei? ¿El rancho de Cremia? Una parte de mí quiere volver a vivirlas, otra las teme.

Por eso Majora’s Mask esconde el lado más oscuro de Nintendo en su interior ¿Ha publicado Nintendo otros juegos para adultos? ¡Por supuesto! Podéis pegarle un muerdo a Eternal Darkness si queréis, o Geist si podéis tolerar sus fallos, los Metroid también tienen su aquel, pero son juegos de niños comparados con todas las almas que tienes que salvar en Majora’s Mask.

¿Queréis saber lo peor de todo? Puedes reunir todas las máscaras, y en efecto eso contará como historia completada a nivel de porcentaje de resolución.

Pero, en 3 días, no importa lo que hagáis, no podéis salvarlos a todos a la vez.

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