Inmersión, terror, mareo, una apuesta fuerte y un poco de incertidumbre

La experiencia Resident Evil 7 en PSVR

Por HEYT el

En estas fechas, tan asociadas a lo sobrenatural, el más allá y el canguelo en general, era difícil rechazar la invitación de Sony a probar el séptimo Resident Evil. Y mucho menos si lo vivimos a través de la última gran apuesta de la compañía por la inmersión total en el videojuego, PlayStation VR.

A pesar de que PSVR es un producto con el que sin duda muchos usuarios ya están familiarizados, la gran mayoría de usuarios de PS4 tardarán en poder permitirse abrir esta ventana virtual. Ésta oportunidad ha sido la primera experiencia de este redactor que os escribe con este headset en particular, que confiesa encontrarse en éste segundo grupo.

Todo parece indicar que Resident Evil 7 puede ser uno de los grandes motivadores para ahorrar un poco más rápido (o empezar a hacerlo) para los que nos mantenemos aún cautos frente a PSVR. Todos los ingredientes parecen estar ahí para una receta llamativa: una gran apuesta de hardware por la inmersión y una gran y veterana saga de uno de los géneros más absorbentes jugando su carta más alta.

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Y no es para menos; el paradigma cambiante propuesto por los cascos de realidad virtual es un reto que va a requerir un gran esfuerzo a los desarrolladores para optimizar la experiencia del jugador. Hay quien compara el salto a la Realidad Virtual con el que se tuvo que hacer en su día de 2D a 3D.

Si nos movemos en esos términos, RE7 es más Bupsy 3D que Super Mario 64. Y es que precisamente desplazarse por la lúgubre casa que nos encontramos en la demo, si bien es funcional y requiere solo un pequeño tiempo de reajuste, parece tener sustancial espacio para la mejora. El cuerpo de nuestro personaje gira en pequeños y bruscos intervalos de 30 grados. La rotación, el movimiento y la vista son todos factores independientes, los dos primeros controlados por los joesticks del Dual Shock 4 y el último con el movimiento de nuestra propia cabeza, por supuesto.

Este método mezcla un control lento y poco ágil con una brusquedad en un conjunto que dista de ser ideal. Si bien la limitación de movimiento aporta a la angustia e indefensión que nos gusta experimentaren Resident Evil, el movimento suave de la cabeza contrasta demasiado con la brusquedad del giro de una forma que, en el peor de los casos, puede desorientar levemente o marear al jugador, cosa que pudimos sufrir esporádicamente en algunos momentos de la demo. Algo que no parecía para nada infrecuente tras consultarlo con los compañeros de otros medios con experiencias muy parecidas o incluso algo más agravadas. Sea como fuere, la abundante mayoría pudo jugar sin ningún problema. No merece la pena alarmarse, pero desde luego sí tenerlo en cuenta.

Aún con todas estas trabas y la maduración que la industria aún tiene que experimentar para superar estos nuevos retos, jugar Resident Evil 7 en PSVR sigue siendo una experiencia interesante, entretenida y, sobre todo, absolutamente envolvente.

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Y es que centrar los sentidos en el juego gracias al headset hace que experimentar la deslustrada e inquietante mansión de los Baker sea mucho más intenso que de la forma más tradicional. En esta casa empantanada y perdida dentro de una arboleda infinita nos veremos perseguidos por una inquientante mujer con evidentes malas intenciones. El nivel presentaba un diseño realmente inteligente que sacaba mucho partido a la primera persona y a la posibilidad de mover la cámara mediante el casco de VR gracias a biombos y obstáculos con grietas y secciones que nos permitían controlar el entorno y los movimientos de nuestra perseguidora de una forma que daba una gran sensación de credibilidad orgánica al escenario, que hace un gran trabajo de narrativa ambiental que contribuye a que uno se suma en la atmósfera con facilidad, ampliando el efecto del juego. Y es que claramente el aspecto audiovisual es el punto más fuerte. El nivel gráfico roza la impecabilidad tanto a nivel gráfico como artístico que elevan la vivencia de la partida de forma encomiable independientemente de si usemos realidad virtual o no.

Lamentablemente, esta virtud se ve diluida por un efecto de rejilla relativamente marcado que no será desconocido para los que ya hayan probado los headsets de realidad virtual y que nos pareció particularmente llamativo en las ocasiones en los que lo percibimos -cosa que seguramente diga más de la capacidad de sumirnos en la propuesta de esta forma de juego que del dispositivo en sí mismo.

Y es que todos las claves de Resident Evil están de una forma u otra ahí: la claustrofobia, los pequeños puzzles, esos espacios pequeños en los que cada esquina puede ser un reto (o un disgusto). El giro es que, aunque los elementos estén ahí, la perspectiva no es tanto de Resident Evil sino de los juegos que han venido mucho después. Resident Evil 7 debe casi tanto al refundado género de terror en los indies de principios de esta década como ellos deben a los primeros Resident Evil. El resultado es un juego que despliega su buen hacer y sus méritos en el contexto del género, pero que resultará apenas vagamente reconocible a más acérrimos de la saga. Si bien esta serie ha dado muchas vueltas, un Resident Evil más centrado en los sobrenatural y lo psicológico que en la abominación surgida de la biología industrial es un giro casi tan misterioso e inquietante como los propios juegos. Pero desviaciones identitarias a parte, lo familiar, lo cercano y lo grotesco son un enfoque interesante y lleno de posibilidades para una aventura que se antoja más íntima que los otros Resident Evil. La corrupción de los conceptos del hogar, y los lazos afectivos es un territorio relativamente inexplorado que se puede hacer muy interesante vividos en primera persona, siendo capaces de hacernos establecer relaciones muy inquietantes de lo planteado en el juego y nuestra propia experiencia -sin que haya un filtro en forma de personaje en tercera persona de marcada presencia que nos nos induciría a desvincularnos personalmente de lo que este título nos nuestra, como solía ser el caso hasta ahora.

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El primer contacto con esta aparente combinación ganadora no despeja todas las dudas pero demuestra rotundamente dos cosas. La primera es que aún queda trabajo que hacer para convertir la experiencia VR algo completamente integrado y fluido, capaz de ser disfrutando ampliamente y día a día. La segunda es que no cabe ninguna duda que juntar Resident Evil 7 con PSVR es una gran idea con un potencial muy interesante. No hay garantía definitiva de que sea la forma ideal de experimentar el título, pero si el lanzamiento del juego el 24 de enero se nos da un control más fluido en PSVR, puede ser una forma excelente de fijar en nuestra memoria algunos momentos de angustia deliciosa y sustos que se sienten más cerca.

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