Por un puñado de plumas

Análisis de Virginia

Por Oaky el

Comentaba en el último podcast lo bueno que era Quadrilateral Cowboy, la última creación de Blendo Games y Brendon Chung, el cual cierra una trilogía de los mejores juegos independientes de la industria. Maravillosa fue mi sorpresa al ver el comienzo de los créditos de Virginia, donde los creadores agradecen a Chung la existencia de Thirty Flights of Loving, el segundo juego de la trilogía de Blendo. Y lo cierto es que lo agradecen con mucha razón, puesto que estamos ante un título que toma una gran inspiración de aquellas obras.

A Virginia se lo puede describir como un juego extraño y confuso. Es la máxima expresión de que los indies que buscan explorar otras fronteras que los Triples A apenas surcan. La verdadera pregunta es si esto funciona, se justifica, o si se llega a transmitir al jugador, y lo curioso es que, aunque un servidor no se haya terminado de enterar de toda la historia del juego – algo que, sin duda, deja ese gustillo motivante de buscar por internet teorías impresionantes, o rejugar el juego numerosas veces -, ha quedado con una sensación maravillosa en el cuerpo, ya que Virginia me ha encantado.

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Ciudad de Kingdom, Virginia. Año 1992. Tomamos el rol de la recién estrenada en el cuerpo del FBI: Anne Tarver, que, junto a su compañera, María Halperin, tendrán que desentrañar la desaparición de un muchacho en la localidad. Pero no todo es lo que parece. Anne tiene otra tarea secundaria: la de investigar a su propia acompañante, algo que descubrirá una intensa aventura de relaciones, secretos y futuros posibles.

Virginia rompe las barreras de lo lógico. Se estructura en tres actos muy bien definidos con su planteamiento argumental plasmado mediante los días de la semana. El primero propone todo el guion. En el segundo se comienzan a desentrañar oscuros misterios y afloran las relaciones. Y en el tercero… En el tercero todo lo que creías posible se tira por la borda, y la historia pega varios giros inesperados que, además de resultar difíciles de entender, también son chocantes.

Y es que estamos frente a un libreto narrado sin diálogo alguno. Es curioso señalar esto cuando, hace un tiempo, hemos podido jugar a un juego similar – Firewatch – que, precisamente, cuenta su historia de una forma totalmente distinta. Esto, como no, tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Las primeras son la originalidad para encariñarte con los personajes, que solo se comunican mediante gestos, además de comprender los dos hilos principales del argumento sin dificultad. Los segundos, en cambio, hacen preguntarse a uno si alguna conversación podría haber ayudado a entender ese extraño tramo final que, a pesar de ser algo complicado de gestionar para encontrarle sentido, es extraño y agradablemente disfrutable.

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Virginia, además, es un juego en línea recta con un montaje estupendo. Cuando en un título convencional puedes estar andando por un pasillo durante cinco minutos, en el título de Variable State cambia la imagen a un cuarto del recorrido. Y aunque parezca una tontería, le da mucha personalidad y ritmo a la aventura.

Resulta que al final es eso. Puede que la historia sea compleja, pero uno puede sacar sus conclusiones sin problemas debido a lo rítmica que es la aventura. Y, seamos sinceros, siempre es una gozada comerse un poco el coco y pensar en conclusiones extra paranormales, y si no, que se lo digan a Hotline Miami 2.

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Así pues, el único botón que usaremos, además de los dos sticks, es la X/A para interactuar con una amplia variedad de objetos que nos hacen avanzar en la aventura. Puede que esto parezca monótono, pero todo está medido a la perfección para funcionar sin problemas y no aburrir al jugador. Cada escena tiene un propósito y una función.

Además, también hay un poco de exploración por pequeños escenarios, y la obra cuenta con algunos coleccionables que hacen del título algo más rejugable. Cabe señalar que estos objetos guardan una extraña relación con la trama, y es que ese aire misterioso y paranormal está en todas las esquinas de Virginia, y es sencillamente estupendo.

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Por si fuera poco, la obra cuenta con un apartado gráfico y artístico precioso hasta decir basta. Es único. Aunque las comparaciones con el juego de Campo Santo puedan estar a la orden del día, lo cierto es que Virginia tiene un estilo propio y muy personal. La iluminación, las texturas, los modelados de los personajes… Todos ellos son espectaculares a nivel gráfico. Sorprende hasta dónde puede llegar Unity en lo que se refiere a obtener apartados gráficos tan redondos y maravillosos.

Si bien es cierto, aquí hay una pega. La discusión de cómo jugar a los juegos y los fotogramas por segundo con los que deberían contar es muy extensa. Los desarrolladores recomiendan jugar a Virginia a 30 frames, y aquí, con un equipo actual de gama alta, nos hemos visto algo “incómodos“, sobre todo debido al efecto de motion blur que viene incorporado en la cámara.

Es comprensible que con esta tasa de imágenes se emule mucho mejor una sensación cinematográfica, pero no resulta tan disfrutable como cabría esperar. Cambiando a 60 fps la cosa se soluciona, el rendimiento en general es mucho más fluido, y el desenfoque de la cámara no solo consigue más inmersión, también adereza mejor una imagen repleta de color gracias al apartado gráfico del juego.

Vale la pena señalar que el título está presentado en un ratio de imagen 2.35, el mismo que se usa en cine. Es todo un acierto, y aunque haya sido una moda algo criticable en los últimos tiempos, en Virginia tiene todo el sentido del mundo debido a su planteamiento, digno de una serie o de la mejor película de misterio.

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En cuanto al sonido, he de reconocer que las partituras de Virigina me parecen las mejores de los últimos años, hasta el punto de que da gusto ver cómo se ponen los pelos de punta al escuchar la banda sonora. Es original, íntima, y cuenta con melodías sensacionales que manejan el género del juego de una forma magnífica. Siempre es una maravilla escuchar música que consigue un efecto tan inmersivo en la aventura.

De los efectos de sonido se puede comentar algo similar. Aunque no sean los principales protagonistas, cumplen con creces, sobre todo en lo que se refiere a la recreación de la naturaleza, audios de ambiente, o sonidos para animales.

Cerrando este misterioso periplo, queda por comentar que Virginia dura dos horas clavadas. Como se comentaba anteriormente, cuenta con una marcada rejugabilidad para encontrar aquellos coleccionables que se nos hayan saltado en la primera partida, y también para volver a vivir la historia y descubrir alguna cosa que hayamos podido pasar por alto.

Análisis basado en la versión de PC perteneciente a Steam.

Virginia nos ha gustado mucho, pero eso no quita que la historia sea confusa, algo que pone en duda que, si hubiera contado con algún diálogo, podría haberse explicado mejor. De todas formas, aunque la jugabilidad tenga escasa profundidad, es un título idóneo para aquellos que aman estas experiencias – sobre todo cuando están hechas en condiciones -, y que además presenta un apartado gráfico precioso y una banda sonora magnífica.

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