Qué mal sientan los años

Análisis de Painkiller: Hell & Damnation

Por Gawny el

Allá por el año 2004, el estudio People Can Fly, que más tarde se encargaría del desarrollo de Bulletstorm o Gears of War: Judgment, entraba en la escena del videojuego con su primer título para PC: Painkiller. Se trataba de un FPS muy descarado y enfocado directamente a los disparos y la acción continua, sin pretensiones en su historia o revoluciones de lo ya conocido, exceptuando probablemente la existencia de unas armas poco convencionales. El caso es que el juego gustó y recibió buenas críticas, por lo que tras hacerse con su licencia, Nordic Games decidió crear este remake y traerlo a consolas de la mano de The Farm 51, en una edición que durante el análisis comprenderemos que es de todo menos completa.

He decidido empezar el análisis hablando del año original de la publicación del juego, para evidenciar que ya ha una década desde su salida. Las fórmulas utilizadas entonces a día de hoy resultan más que manidas, son simples y arcaicas. Cualquier jugador va a sentirse en el pasado cuando se encuentra con mecánicas jugables que actualmente se antojan de segunda y primitivas. Desconozco la intención de la editora al volver a sacar a la luz este título por «mucho trabajo» que haya habido por pulirlo, sí, entre comillas porque no se trata ni mucho menos de una edición completa: faltan niveles. En principio, entre el Painkiller y su expansión deberían haber 34 niveles, aquí únicamente contamos con 14 con todo lo que ello conlleva.

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Chaqueta de cuero y vaqueros, todo un clásico

Pasando a hablar del juego en sí, Painkiller: Hell & Damnation nos pone en la piel de Daniel Garner, un hombre corriente que ha muerto en un accidente de tráfico y que ahora se encuentra en el Purgatorio. La Muerte se nos aparece para ofrecernos un trato, 7000 almas a cambio de volver a ver a nuestra esposa. Aceptamos prácticamente sin pensar y después de que la Muerte nos otorgue “El Cazador de Almas”, nos ponemos a eliminar a un ejército variopinto de demonios que intentan acabar con nosotros.

La premisa es simple a más no poder, y es que el juego no es muy pretencioso en cuanto a historia. Sin embargo, uno no puede evitar desear algo más de información en cuanto a la trama. Desde el principio estaremos deseando recibir una explicación de los acontecimientos para tratar de contextualizar un poco lo que ocurre, pero eso no llega nunca. Los personajes que aparecen a lo largo de la historia tampoco cuentan con una presentación propia, dejándonos completamente indiferentes. En conclusión, con la historia de este juego tendremos la misma sensación que cuando ponemos la televisión y encontramos una película por el final: no nos enteraremos de nada.

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Aquí también hay templarios

Dejando de lado la historia, que no da mucho de sí, pasamos a hablar de la jugabilidad. Nos encontramos ante un juego de “la vieja escuela”, es decir: nos enfrentaremos a hordas de enemigos dispuestos a acabar con nosotros con una IA digna de cualquier zombi. Todos ellos correrán directamente hacia el jugador, como deseando que acabemos con sus vidas, nada de coberturas o “trabajo” en equipo para eliminarnos, simplemente tratar de acercarse lo máximo posible y superarnos por acumulación. En este aspecto, el título tiene el mismo estilo que un clásico más conocido como puede ser Serious Sam.

A la hora de jugar, esto se traduce en estar disparando, corriendo y saltando por el escenario, apuntando a todo lo que se mueve, recogiendo armas o munición y las almas que dejan los enemigos. Si bien es cierto, hay ciertas armas más efectivas para según qué enemigos y apuntando a determinadas zonas del cuerpo conseguiremos ataques más letales. De este modo, podremos cercenar prácticamente todas las extremidades si tenemos puntería.

El arsenal que ofrece el juego es sin duda alguna lo mejor del mismo. Las armas son originales a más no poder, a “El Cazador de Almas” se le suman un lanzador de estacas, la “Painkiller” (una especie de gancho rotatorio), escopetas, lanzagranadas, lanzallamas, lanzador de shurikens… Aunque es cierto que algunas de ellas carecen de excesiva utilidad por su cadencia o su daño, muy probablemente acabemos usando todas y cada una, más aún teniendo en cuenta que una vez las encontremos, las llevaremos con nosotros durante todo el juego, siendo nuestra única preocupación contar con suficiente munición.

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Haciendo cola para morir

A esta variopinta selección de armas se le suma que cada una de ellas cuenta con dos modos de disparo. Está el que podríamos considerar clásico y otro especial. A modo de ejemplo, la escopeta tiene su funcionamiento normal y como modo secundario un disparo que congela a los enemigos durante unos momentos. Esta particularidad nos abre la puerta a crear estrategias puntuales cuando el número de enemigos es excesivo. Ciertas combinaciones resultan más efectivas que otras, por lo que en determinados momentos y desconociendo a cuántas oleadas nos vamos a enfrentar, usaremos las armas que tenemos más olvidadas de cara a limpiar la pantalla de enemigos, reservando las armas con mejores combos.

Cuando recojamos un determinado número de almas, entraremos en un modo “berseker” de forma automática y gracias a ello, seremos indestructibles y nuestros disparos matarán de un único golpe. Puede salvarnos de más de un apuro y probablemente nos encontremos evitando coger un alma si vemos que podemos superar el enfrentamiento sin problemas, prefiriendo entrar en ese modo cuando la cosa se ponga mucho más fea.

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Shooter sobre raíles de forma literal. El nivel de la montaña rusa es original

Al final de cada nivel y en función de unos objetivos previos, podemos conseguir cartas del tarot. Estas cartas nos dotarán de cierta ventaja a la hora de iniciar un nivel, pudiendo escoger qué equiparnos en función de nuestro planteamiento o pudiendo activarlas en según qué condiciones. Determinadas combinaciones resultan muy poderosas, mientras que otras quedan en tal segundo plano que ni siquiera llegaremos a probarlas. En cualquier caso es algo que queda abierto a decisión del estilo personal de cada uno.

El diseño de niveles es algo bastante insustancial, sobre todo teniendo en cuenta que no hay consistencia alguna en el desarrollo de la historia. Tan pronto estamos en un cementerio como en un parque de atracciones, pasando por un castillo medieval o un pantano. Las ambientaciones están marcadas y diferenciadas, aunque su diseño es prácticamente el mismo: habitaciones o secciones amplias, pasillos y distintas alturas. Los demonios que nos encontremos en cada uno de estos niveles también estarán “tematizados” en sintonía con los mismos, aunque hacia el final del juego resultará -paradójicamente- divertido ver cómo se reciclan diseños de enemigos.

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Shadow of the Colossus versión NRA

Los jefes finales sin embargo, son otro cantar. Gigantes o dragones, la verdad es que en todo momento las proporciones resultarán desmesuradas. Impacta encontrarse con ellos porque fuera de estos enfrentamientos en ningún momento nos indican que el desarrollo se pueda prestar a esas moles. No obstante, acabar con ellos con las mismas armas con las que nos enfrentamos a los enemigos y sin ninguna mecánica particular más allá de la repetición contante de disparos deja un mal sabor de boca, pues no resultan batallas particularmente interesantes.

Gráficamente Painkiller: Hell & Damnation es bastante pobre. Al tratarse de un juego que se mueve bajo el motor Unreal Engine 3 pero de muy primera hornada, la carencia de texturas o efectos, las animaciones de movimientos simples y la leve carga poligonal se evidencian en todo momento. El único aspecto que quizá pueda salvarse, y muy por los pelos, son las físicas durante las muertes de los enemigos y poco más. En ningún caso llega a hacer “daño” a la vista, si somos benevolentes y comprendemos que se trata de un juego de hace 10 años, incluso puede sacarnos alguna carcajada puntual de lo ridículo que resultan algunas cosas.

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Payasos endemoniados, otro clásico

Con un modo supervivencia, la opción de jugarlo en cooperativo offline y tres niveles de dificultad, el nivel normal puede llegar a desquiciarnos en determinados momentos cuando ya estemos escasos de munición y las oleadas no cesen. Jugarlo con un compañero significa enfrentarse al doble de enemigos por nivel de cara a mantener cierto equilibrio. También dispone de multijugador online, pero al tratarse de un título de tan poca tirada resulta prácticamente imposible encontrarse más de 3 jugadores en un mapa. Los diseños de estos mapas también se basan en distintas alturas y en ir recogiendo armas u objetos por el escenario para acabar con nuestros enemigos.

El apartado sonoro es probablemente el otro aspecto que mejor le sienta al título, con una banda sonora con canciones de heavy metal en la que abundan los sonidos metálicos y las baterías. Compagina perfectamente con la acción constante y los disparos, y en ocasiones trataremos de seguir ese ritmo que nos marca la música. Por lo demás, el sonido de las armas o enemigos no tienen nada a destacar. El juego llega con doblaje en inglés y textos en español.

Análisis basado en la versión de PlayStation 3.

A Painkiller: Hell & Damnation le pesan los años, no solamente en lo visual sino también en su planteamiento. Sin embargo, si aceptamos estos aspectos y nos servimos del factor nostalgia, en momentos puntuales disfrutaremos de un FPS directo y con armas muy originales. Su premisa es simple, lo único que importa es matar, matar y matar.

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