Miedos de guardería

Análisis de Murasaki Baby

Por Gawny el

El desarrollo de juegos para la consola portátil de Sony está prácticamente desaparecido. Continúan publicándose títulos para PlayStation Vita, pero es muy raro que lo hagan de forma exclusiva. El interés de Sony por los indies ha llevado a que estos juegos acaben por aparecer en las tres consolas de la compañía nipona, lo que deja a la portátil títulos que se escalan lo mejor posible a las características técnicas de PlayStation Vita, pero que no aprovechan sus virtudes.

Con este panorama, no es de extrañar que cuando aparecen juegos exclusivos como el que nos ocupa, los jugadores presenten merecida atención e incluso sientan crecer cierto entusiasmo. La esperanza de que finalmente habrá un título que les haga henchirse de ser poseedores de PlayStation Vita revive.

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Murasaki Baby puede ser víctima de estas expectativas. Desarrollado por el estudio italiano independiente, Ovosonico, que fue creado por Massimo Guarini  -quien llegaba de Grasshopper Manufacture (Killer7, No More Heroes, Shadows of the Damned)-, fue presentado durante la Gamescom de 2013 con un apartado artístico que sorprendió y que recordaba a algunas de las producciones de Tim Burton.

Desde entonces, sus apariciones fueron muy esporádicas, pero sobretodo reducidas y con reminiscencias. Agarrándose a la buena acogida visual, apartado jugable y concepto nunca llegaron a quedar claros, rodeándose de un halo de misterio que parecía venirle bien. No obstante, tras haberlo jugador podemos entender el porqué de esto.

Propuesta

Murasaki Baby es un juego indie en su mejor expresión. Su idea principal gira en torno al mundo visto desde la perspectiva de una pequeña de 2 ó 3 años, la dependencia implícita que existe a esa edad y el proceso de hacerse “mayores”. Durante la aventura acompañaremos como niñeros a una niña, Baby, que deberá enfrentarse a monstruos de pesadilla y miedos infantiles.

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La fuerza y la magia del juego es que consigue hacer llegar su concepto. De principio a fin y gracias a una idea jugable clave, entendemos que debemos proteger a la pequeña de un mundo de horrores para ella.

El gran problema de propuestas como estas es el de siempre, si no se consigue valorar suficiente o no la entendemos con el peso o la importancia que se merecen, la obra en su conjunto se ve resentida.

De la “mano”

En cuanto a su jugabilidad, podemos clasificar Murasaki Baby como una aventura point-and-click en scroll lateral. Para mover al personaje, deberemos mantener pulsada la pantalla con un dedo para cogerle la mano y “tirar” de ella. En estos términos recuerda mucho a ICO, teníamos que hacer prácticamente lo mismo con Yorda, en su manera de proyectar o transmitir dependencia y necesidad de cuidado por parte del jugador. Esta mecánica jugable forma una sinergia perfecta con el concepto del título.

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Durante toda la aventura, la pequeña llevará en la otra mano un globo flotando, es el recurso de los creadores para representar nuestra vida. Los monstruos que se crucen en nuestro camino tratarán de pincharlo y nunca se centrarán en el personaje. De este modo, el estudio consigue evitar que los ataques se ataquen a la niña y mantienen la atmósfera “pura” e infantil que corresponde.

Gracias al panel táctil trasero podemos cambiar el fondo del escenario. Existen varios fondos durante la aventura, cuya interactuación es distinta: el globo se convierte en una pesada roca, el escenario se irá congelando, la “gravedad” cambiará… Se trata de distintos comportamientos para hacer frente a los obstáculos que se plantearán en el camino. Aprovechan ambos paneles táctiles y el giroscopio de la consola, los botones no tienen función alguna en el título.

Estos obstáculos en ningún caso supondrán mucha complicación, llamarlos puzles es probablemente excesivo, ya que normalmente con interactuar con el fondo correcto será suficiente para continuar. Únicamente hacia el final del juego es necesario encadenar los fondos de una forma concreta para superar el obstáculo del camino, pero su aparición resulta tan repentina, sin un increscendo de dificultad o habilidad, que resulta algo frustrante. Además, cuando nos hacemos a ella, el juego acaba.

Diseño “Burtoniano”

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Como hemos comentado con anterioridad, desde un principio el apartado artístico del juego fue aquello que capturó la atención del público. El estilo visual tan similar al de obras del director de cine Tim Burton, consigue liberar el encanto de los miedos y la pesadilla. Procurándolos acercar a un público infantil, no tratan de aterrorizar por sí mismos, si no de quitarles cierto peso de encima y volverlos más lindos.

Baby bien parece un esqueleto, pero además tiene la boca del revés y por encima de los ojos, haciendo gala de una dentadura para nada perfecta. Del mismo modo ocurre con otros personajes y enemigos que nos encontramos durante la aventura, todos tienen ese algo fuera de lugar suavizado por un estilo infantil que acaba por volverlos encantadores.

El diseño de los escenarios por otra parte, no está tan bien trabajado. Todo resulta demasiado parecido: diseño de niveles, tonos blanquinegros, y una falta de particularidades que los haga destacar o distinguir entre sí. Más allá del color de fondo, las pantallas procuran tener una ambientación contrastada pero sin introducir interacción alguna con la jugabilidad o la historia, simplemente son un recurso para ofrecer niveles de plataforma y nada más.

Pequeña dosis de Yamaoka

Otro de los puntos fuertes con los que se promocionó Murasaki Baby fue el de contar con un compositor más que reconocido, Akira Yamaoka, creador de la banda sonora de las mejores entregas de Silent Hill. Sin embargo, su implicación no es completa, a la hora de la verdad su colaboración no va más allá del tema principal.

La banda sonora ofrece canciones que se adaptan bastante bien al ritmo del gameplay en cada momento. Predominan pianos, tambores y puntalmente ritmos eléctricos tranquilos.

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En cuanto a voces y textos, no podemos decir nada porque carece de ambos. La pequeña únicamente lanzará interjecciones y poco más, la historia se transmite de manera visual, y los tutoriales se explican con imágenes de cómo interactuar con nuestra consola.

Acabamos con el que probablemente sea el mayor problema de Murasaki Baby, su duración. En nuestra primera partida acabamos la aventura en menos de dos horas, jugando de manera relajada. La falta de alternativas a la hora de avanzar, la nula posibilidad de exploración o de hacer algo más de lo estrictamente planificado, provocan que su interés rejugable sea escaso. Dentro de la escala del proyecto se puede considerar comprensible, aunque su precio no refleje este factor.

Murasaki Baby da lo que prometía visualmente, pero esperábamos algo más. Su jugabilidad es simple y, aunque aprovecha las opciones de la consola, parece haberse visto supeditada a un segundo plano en pos de su propuesta, lo que explica su reducida duración.

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