Ciencia ficción, nostalgia y un desafío.

Análisis de Galak-Z: The Dimensional

Por HEYT el

Michael Patcher dijo una vez que los juegos indie son como snacks, eso que comes para matar el tiempo hasta que llega la comida con los platos de verdad. Digamos, hipotéticamente, que estoy de acuerdo. Si Galak-Z es un snack, es una de esas patatas de las que no puedes tomar solo una y acabas por terminar el bote. Y te sientes un poco mal, pero al poco te compras otro bote. Y dentro de unos meses conoces esa época como aquel tiempo en el que te atiborrabas de patatas.

Galak-Z: The Dimensional es una sólida propuesta de feeling arcade que conoce sus prioridades y construye su contenido y estructura sobre unos cimientos jugables pulidos y compactos.

Este nuevo juego de 17-Bit (Skulls of the Shogun) nos pone a los mandos de la nave de A-Tak, un piloto que es la única esperanza de una tierra que se defiende del ataque de un imperio alienígena. Dichos mandos roban gran parte de protagonismo al personaje, dado que el pilar central del título no es la narración sino una jugabilidad cuyo mayor logro es la recreación del desplazamiento de la nave en el vacío.

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Para combatir el exceso de inercia y la falta de fricción la nave cuenta con propulsores posteriores, frontales y laterales que podemos combinar con un turbo limitado. Llegar a dominar este sistema de moviento mientras lidiamos con el entorno y los enemigos, disparando y esquivando es todo un reto que hace que este juego pueda tener un principio muy inpío para algunos jugadores, hecho que la estructura del juego puede llegar a agravar mucho.

En consonancia con la estética de serie de animación japonesa de los 80 de la que hace gala el juego, las misiones —llamados episodios, por supuesto— vienen en bloques de 5 llamados temporadas. Cada capítulo ha de superarse en estricto orden secuencial, aunque los objetivos de cada uno varían en cada partida en relación a la temporada que estemos jugando. Sin embargo Galak-Z no tiene un sistema de progresión clásico. Siguiendo la tendencia de juegos estilo rogue, la muerte en Galak-Z es, a grandes rasgos, permanente. Todas las mejoras que nuestra nave haya ido adquiriendo en las misiones desaparecerán si fracasamos y deberemos retomar la temporada desde el inicio, con la nave básica. Existen sin embargo sistemas que aseguran el progreso del jugador y alivian lo aplastante que resulta el fracasar en este título. En primer lugar no todas las mejoras de la nave se aplican instantáneamente durante la partida. En transcurso de la misma encontraremos planos que amplían el catálogo de la tienda que podemos usar durante y entre misiones. Estos hallazgos sí son permanentes y permiten que siempre podamos acceder a equipo avanzado a pesar de perder muchas partidas. Mientras sigamos encontrando planos, seguiremos teniendo oportunidades de progresar.

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Pero dichas oportunidades no se materializarán en nada si no podemos comprar las mejoras que obtengamos mediante dichos planos. El sistema económico del juego es sencillo: podremos comprar con la chatarra que encontremos en nuestras emprendeduras espaciales: siempre que tengamos suficiente estará a nuestra disposición para potenciar la nave. Sin embargo el juego posee otra divisa que no podremos usar durante nuestras partidas, solo almacenar, llamadas monedas Crash  —en honor al tendero del juego. Estas monedas se otorgan a medida que el jugador va progresando en una partida dada. Cuantos más capítulos hayamos recorrido y más hayamos jugado dentro de cada uno más monedas Crash. Una vez fracasemos las monedas crash se transformarán en chatarra que podremos usar antes de embarcarnos en la primera misión que realicemos cuando volvamos a jugar, pudiendo así sacar partido a los planos que hayamos ido obteniendo. Las monedas Crash también funcionan como un sistema de vidas, pues una vez tengamos 5 y seamos derribados el juego nos ofrecerá gastarlas en continuar jugando.

Todos estos elementos se unen para crear una dinámica que crea un juego muy intensa: el juego es endiabladamente difícil y te deja tratar de lograr los objetivos evitando a los enemigos. El contrapunto es que sin arriesgarnos no conseguiremos la divisa que nos da una ventaja real desde el inicio y por tanto una posibilidad real de acabarnos cada temporada… pero la nave no se repara entre misión y misión, así que cada impacto va directo al alma. Unido a un control exigente pero exquisitamente afinado, Galak-Z consigue soliviantar unos fracasos muy duros y convertirlos en segundos, terceros, demiocuartos nuevos intentos, todos distintos, que nos atiborran de patatas bolsa tras bolsa.

Todo culmina en el tsunami de endorfinas que nos alcanza cuando conseguimos completar una temporada; un servidor ha puesto menos empeño en juegos enteros que han resultado menos intensos que pasarse solo una porción de lo que ofrece este título.

A pesar de que ese nucleo central es sólido y muy adictivo, el juego tiene, como todo, sus faltas. A pesar de que la emoción y la tensión están muy presentes todo el tiempo y son disfrutables en sí mismas, los objetivos propuestos por el juego son facilmente reductibles a “ve de este punto a este, una vez ahí dispara o coge esto, ve a otro sitio y marchate”. Personalmente no he encontrado las tareas tediosas aún con la cantidad considerable de ensayo, error y repetición que requieren, pues no son los objetivos en sí mismos lo interesante, sino los problemas que surgen por el camino. Sin embargo no se puede obviar que esto sí sea detrimental para otros jugadores.

La falta de variedad en general es también algo que puede resultar igualmente negativo para algunos. El juego se centra mucho en su jugabilidad y en la dinámica económico-estructural que la potencian tanto y eso le cuesta sacrificar en alternancia de paisajes, donde no hay mucho de lo que hablar. Comprensible por otro lado, pues cada nivel es diferente cada vez que se inicia, con un nuevo mapa, distintas mejoras y colocación de enemigos, etc. Pero que sea fácil de comprender no hace que el cansancio que pueda llegar a generar la escasa variedad sea una crítica legítima.

Donde la variedad no falla es en todo lo que está más íntimamente conectado al nucleo duro del juego: el título hace gala de un buen repertorio de enemigos cada vez más duros y crueles que solo se sienten particularmente injustos de manera circunstancial. La manera de afrontarlos también puede ser muy distinta pues cada una de las partes configurables de nuestra nave tiene un buen número de mejoras que yo, tras un buen puñado de horas de juego, aún sigo descubriendo y combinando. Por otro lado no solo hay láseres y misiles en el repertorios de A-Tak: nuestra nave también puede transformarse en un mech, escudo y espada láser incluidos, que ofrece una manera completamente distinta de enfrentarnos a cada reto, igual de válida que la nave. El principal añadido es poder alternar entre estas dos formas a voluntad y combinarlas en combate con maestría añade una nueva capa de reto y satisfacción a un juego que lo agradece aún ya yendo muy servido.

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Y es que las referencias y guiños a las clásicas series niponas como Macross o Gundam son constantes. El aspecto visual del juego captura muy bien el espíritu del homenaje sin caer en la copia o el emulo y sabiendo recrear muy bien algunas golosinas visuales que enamoraron a la gente de este tipo de obras allá por los 80: la humareda de los misiles, las explosiones, la paleta, la banda sonora… Galak-Z sabe hacer suyo un mundo al que claramente no pertenece pero por el que muestra un innegable aprecio lejos del parasitismo.

El guión no está a la altura de sus maestros, pero tampoco parece pretenderlo. Personajes planos y sucesos predecibles no empañan demasiado el conjunto por carecer de protagonismo y contar con un buen doblaje inglés que les da más encanto del que podrían merecer. Eso sí: sus frases no son demasiadas y se repiten constantemente durante la partida así que si ese tipo de cosa te resulta molesta deberías estar al tanto.

Análisis basado en la versión de PlayStation 4.

Galak-Z juega muy bien las cartas que todo buen título arcade debe jugar, con unos controles complicados, ajustados y con mucha miga y una estructura que pica y que garantiza novedades en cada partida. Cuando se pone en conjunto con su acertada estética es fácil perdonar su falta de variedad o las asperezas propias de los juegos independientes. Si eres de los que ama los viejos anime de robots o el reto de la supervivencia por mérito propio, Galak-Z puede ser una buena opción de cara a muchos buenos ratos.

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